martes, 15 de enero de 2013

Capítulo 4: El querer no ocupa lugar.

Capítulo 4. El querer no ocupa lugar.




 


Clarissa, Ángel y Paula, se encontraban en la casa de esta última sentados en su cama. En ella había varias bolsas de palomitas y pipas, y un plato donde echaban las cáscaras.
Reían a carcajadas y hablaban de diversos temas. Era viernes y habían decidido pasar así la noche.

–Esto me recuerda a los viejos tiempo…–sonrió Paula.
–Es verdad…que tiempos aquellos–dijo Ángel.
Clarissa se encogió de hombros.
–Nuestros tiempos juveniles. Este, Irene y yo.
–¿Irene la de la clase? –preguntó Clarissa sorprendida al mismo tiempo que intentaba meterse sin éxito una pipa en la boca. La pipa cayó en la cama. Ella estaba intentando asimilar el tema de Irene.
Ángel y Paula se miraron y después miraron a Clarissa. Afirmaron con la cabeza.
–De pequeños éramos un trío inseparable–Paula esbozó una sonrisa recordando viejos tiempos.
–Pero si no se parece en nada a vosotros…–negó Clarissa introduciendo varias palomitas en su boca.
–Ya ves… la gente puede llegar a cambiar y mucho de la noche a la mañana….–dijo una Paula enfadada.
–A veces las personas pueden tener dos caras…–sentenció él.
–¿Dos…caras? –preguntó Clarissa.
–La verdad es que me hizo mucho daño… La consideré mi amiga, pero al parecer no era mutuo…
–Vaya…lo siento…–dijo cogiendo un nuevo puñado de pipas. –¿Y puedo preguntar qué sucedió?
–Claro, no hay inconveniente. Resulta que ella y yo éramos íntimas, inseparables. Íbamos a todos los sitios juntos, nos contábamos todo…
–Bueno, todo no os lo contabais…Casi todo.
–Ese es el ”quiz” de la cuestión. Yo un día iba con una chica con la que había quedado…Mi primera cita. Se llamaba María. Tan mona ella…–suspiró recordándola. –Aquel día nos dimos nuestro primer beso sentadas en un banco en el parque, mientras el sol impregnaba brillante el cielo, dándonos su luz y calor… –dijo poniendo voz nostálgica intencionadamente.
–Vamos, lo que quiere decir es que se sentaron en un banco que resultó estar recién pintando, y hacía un frío del carajo –contó Ángel para que Clarissa supiera la verdad de los hechos.
–Bueno, no me quites mis ilusiones… Fue mi primer beso, y me dio igual todo lo demás. –Cogió un puñado de palomitas y empezó a comérselas una a una. –A lo que iba, en ese momento, pasaba Irene con dos amigas más de clase y nos vio en pleno beso, y me trató como una mierda la muy zorra…–aplastó con rabia el resto de palomitas que habitaban en su mano.  –Me ignoró, cuando nos vieron me miró con mala cara y echaron a andar mientras murmuraban y reían. Me estaban insultando por ser homosexual. No se quienes eran sus amiguitas, pero ella las prefirió a ellas antes que a su amiga de toda la vida…

Clarissa abrazó con fuerza a Paula, la cual empezaba a llorar de impotencia. Poco después Clarissa se unió a esas lágrimas.
Ángel cogió el vació cuenco de palomitas, y les echó los piscos que habían quedado. Las dos amigas le miraron con mala cara, para después echarse los tres a reír abrazados con fuerza.

Al lunes siguiente caminaban ambas amigas hacia el instituto. Sus caras decían claramente las pocas ganas que tenían de asistir un día más a clase, pero que remedio, era lo que tocaba… Al fin de cuentas eso condicionaba su futuro.
Hablaban de diversos temas absurdos, normales para ser un lunes a las ocho y cuarto de la mañana. En ese instante pasó Irene junto con Roberto y se quedaron mirándoles, para luego seguir su camino.

–Es que no la aguanto… Desde ese día siempre me mira así de mal, como si fuera escoria…–Paula entristeció. –¿Qué más le dará si me gustan los hombres o las mujeres?
–Pero pasa de ella… No sirve de nada que reacciones así, no merece la pena. Si dejó de hablarte por ser homosexual, no merece la pena que lo pases mal por su culpa.
–Bueno, no exactamente dejó de hablarme… El lunes de la siguiente semana, cuando llegué a clase, todo el mundo ya se había enterado. La pizarra estaba llena de insultos contra mí, y mi mesa también…
–¿Qué? Esa tía es peor de lo que creía…
–Lose… ¿Me lo vas a decir a mí? No puedo con ella. La culpa es de sus padres, que la han inculcado unos valores inmorales, donde hay que ir todos los domingos a misa, rezar todos los días, y los hombres y mujeres deben procrear juntos, cualquier otra forma de creencia o de amor es una injuria para ellos… Y claro, para Irene también.
–Ella fue una de las que se quedó en clase cuando lo de Nadima, ¿verdad?
–Pues claro… Eso no se duda…
–Es que no lo puedo comprender… Cada cual puede creer en lo que quiera, o directamente no tener ninguna religión. Somos libres, siempre y cuando no atentemos contra otras personas. ¿Dónde queda el respeto?
–El querer no ocupa lugar. –Dijo una voz familiar tras de ellas y se dieron la vuelta.
–Buenas Ángel –saludó Paula con una sonrisa.
–Muy buenas Angelito.
–Ay… no me llames así Clarissa. Me repatea.
–¡Vale, vale! ¿Preparado para una nueva semana?
–Buff, voy con una ilusión alucinante –ironizó el joven Ángel.
–Y bueno, ¿cómo tú diciendo que el querer no ocupa lugar? ¿Hay alguien que te gusta, pillín?  –preguntó Paula dándole un codazo.
–¿Eh? No, bueno yo… Bueno venga chicas vamos para clase. –Dijo adelantándose.
–¿Y a este que le pasa? –preguntó Paula sin comprender.
–A saber…–dijo Clarissa con media sonrisa para mostrar que lo sabía pero no iba a decirle la verdad.

Paula y Clarissa llegaron a clase. Al entrar encontraron a todos alrededor de la mesa de Paula. Un mal presagio tuvo la chica… ¿Alguna pintada sobre sus gustos sexuales como años atrás? Se acercó lentamente y con nerviosismo. Suspiró aliviada. Se trataba de una pequeña carta. Cuando entre Ángel y Clarissa hubieron apartado a todos aquellos que se encontraban alrededor de la mesa, se acercaron a ella para saber de qué se trataba.
–¿De quién es? ¿Qué dice? –preguntó Ángel intrigado.
–Es un anónimo.
–¿Alguien se atrevió a amenazarte? –inquirió Clarissa con enojo.
–No, no. No os preocupéis. Al parecer tengo un admirador secreto… O mejor dicho, admiradora –sonrió pícaramente y feliz.
La nota dictaba así:

Hola, bella Paula, soy tu admiradora secreta.
Me encanta el color de tus ojos, el aroma de tu piel,
mas sobre me gustas tú

Siempre tuya:
 Tu admiradora secreta.


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