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lunes, 12 de diciembre de 2011

Capítulo 1: Yo no soy superficial.

Capítulo 1. Yo no soy superficial.







Una chica alta entró en clase. Llevaba una mochila azul marino colgada de un hombro. Caminaba a paso firme. Un chico se le acercó.
–¿Eres la nueva, verdad? –preguntó el joven.
–Sí, soy Clarissa, encantada–se presentó ella.

El joven la contempló por unos instantes, primeramente se fijó en su cabello castaño recogido en dos trenzas y sus pobladas cejas. Al recorrer su cara se quedó mirando sus enormes gafas, y bajó rápidamente la vista hacia su vestimenta. Llevaba los pantalones de un chándal lila con una camiseta de manga corta blanca con rallas lilas en las mangas. Después se fijó en sus deportivas blancas.

–¿Qué sucede? –preguntó Clarissa al sentirse tan observada.
–Vah, da igual, te lo contaré. ¿Sabes a quién conocí la semana pasada? ¡A Rebeca Robles! Es la chica más maravillosa del mundo. ¡Y hable con ella y todo! –empezó a explicar con total entusiasmo.
–Oh, no. Ya empieza con la dichosa historia otra vez–dijo una voz femenina a la espalda de Clarissa.
Clarissa se dio la vuelta para ver de quien se trata.
Era una joven de melena castaña y ojos verdes. Calculó que debía de medir un metro setenta aproximadamente. Observó sus vaqueros azules y su camiseta naranja con el dibujo de una chica. Llevaba zapatillas de deporte color naranja
–Hola, soy Paula, y este que viene por ahí, es Ángel.
El otro joven se acercó.
Ángel era un chico mediano de pelo negro estilo surfero. Llevaba unas gafas de pasta negras como sus ojos. Clarissa observó los pantalones vaqueros azul clarito y el polo rojo. Lleva unas zapatillas de deporte rojas las cuales una tenía el cordón desatado.

–Hola, yo soy Ángel, tú debes ser la nueva, ¿verdad?
–Sí, más conocida como Clarissa–bromeó y después le dio dos besos. –Encantada.
–Bonitos ojos-dijo Ángel. –Me encantan los ojos azul cielo.
–Pensaba que te gustaban los verdes esmeralda, como los míos–Paula hizo pucheros a su amigo Ángel.
–Sabes que me encantan tus ojos, y todo lo demás–sonrió él.
–¿Te sientas con nosotros? –le preguntó Paula a Clarissa sonriéndole. –Hay un hueco libre. La chica que se sentaba con nosotros hace tiempo que no viene.
–Vale.

Los tres caminaron hacia donde se sentaban Paula y Ángel. Se encontraban en la penúltima fila de la zona izquierda, al lado de los enormes ventanales que había en clase.
–Menos mal que hemos llegado a tiempo–dijo Paula sentándose en una esquina–el chico con el que hablabas, Roberto, es insoportable.
–Lleva toda la semana contando a todo el mundo que ha conocido a Rebeca Robles. Tenemos la cabeza como un bombo–Ángel se sentó al lado de Paula y Clarissa se acercó a la tercera mesa, que daba al pasillo de la clase.
–No Ángel, aquí va Clarissa.
–¿Qué más da? –preguntó él.
–Da igual chicos–sonrió Clarissa.
–Que no. Que tú te sientas en medio, que para eso era la nueva–insistió Paula.
Ángel finalmente cedió su sitio a Clarissa. Siempre se había sentado al lado de su mejor amiga desde la infancia, y aquello le había molestado un poco. Pero pronto se le pasó, entablando una nueva amistad con la muchacha que había llegado nueva al instituto Monte Verde.

La clase de literatura, con doña Carmen, una mujer de 35 años pero que por su vestimenta de trajes oscuros, de cuellos altos y faldas largas hacían que aparentase más mayor, acabó para el alivio de muchos. Aquella mujer, según decían, tenía un aspecto siniestro, sobre todo cuando iba con un moño recogido en el pelo, lo que hacía, según algunos, que pareciera una mujer de otra época.
–Pues parece maja-dijo Clarissa a su compañera Paula. –Algo seria, eso sí, pero bastante maja.
–A mí me parece muy siniestra…–Paula negó con la cabeza. –Me da malas vibraciones.
–Suspendió el año pasado con ella–aclaró Ángel.
Roberto se acercó a Clarissa con sus ya vistos anteriormente aires de superioridad.
–Perdona…nueva…–ella le cortó con un gesto de mano cuando este empezó a hablar.
–Clarissa, me llamo Clarissa. Dime–seguidamente hizo un gesto para que prosiguiera.
–Te iba a terminar de contar sobre cuando conocí a Rebeca Robles, hasta que estos dos pelmas aparecieron–dijo haciendo referencia a Ángel y Paula.
–Es que llevas una semana contando la puñetera historia–se quejó Paula. –¡Ya se ha enterado todo el instituto!
–Lo que tienes es envidia de que yo haya conocido a una famosa y tú no–sonrío con sarcasmo.
–Uf, una envidia que te cagas–le espetó ella. –Vete con tus amiguitos, que ellos sí te aguantan–dijo con rintintín.
–Vah, paso de ti–después se dirigió nuevamente a Clarissa. –Si quieres saber más, estaré con mis colegas en el banco que hay enfrente de la fuente de la parte de atrás del patio, adiós. –Y dicho esto, se marchó de allí. En la puerta le esperaban varias personas.
–Que mal me cae, madre mía–dijo Paula poniendo cara de asco.
–Muy inteligente no es que parezca–negó Clarissa.
–Para nada lo es–sentenció Ángel mientras sacaba un bocadillo de su mochila. Lo abrió.-Uhmmm Es de jamón serrano.
–Estoy cansada de que todo el mundo se fije en el físico–protestó Paula mientras se comía un donuts de chocolate. –Es un asco la superficialidad.
–Y que lo digas, menuda sociedad en la que nos ha tocado vivir–se quejó Clarissa mientras daba un bocado a su sándwich de jamón york.
–No comprendo por qué la gente no se fija más en el interior de las personas. Yo busco alguien que me quiera, que me de cariño, me escuche, me sea fiel, me haga ser feliz…–a Paula se le iluminaban los ojos mientras lo decía.
–Nena, baja de la nube, que tíos así no existen–intervino Clarissa.
–Nadie dijo que me refería a los chicos–dijo echándole una mirada sarcástica para luego añadir–al final vas a tener algo de superficialidad.
–Yo…lo siento…–se disculpó Clarissa.
Paula empezó a reír.
–No pasa nada. No me voy a enfadar por eso. Vivimos en una sociedad donde todavía creemos que por obligación los hombres y las mujeres deben estar unidos…–suspira. –Queramos o no, todos tenemos algo de superficialidad… Bueno yo creo que soy la única que no. –Ríe satisfecha.

En ese mismo instante, Paula se quedó mirando a tres chicos que se habían quedado también en clase en el recreo. Estaban mirando muy concentrados una revista. Paula se levantó y se dirigió hacia ellos.
–Perdonad, ¿es la revista Men de esta semana? –dijo señalando la revista.
–Sí, Paula, ¿por qué? –preguntó un chico que llevaba una especie de cresta en el pelo.
–¿En la que sale un desplegable de Jennifer Pastor? –Preguntó abriendo con los ojos como platos.
–Aja…–afirmó él y ella se la arrebató de las manos para encontrar la página.
–¡Joder! ¡Está buenísima! –exclamó mientras no dejaba de mirarla. –Me la llevo un momento…al baño. –Sonrió con picardía y entusiasmo.
–Cómprate tú una–protestó el chico.

–¿Y quién era la que no era superficial? –Preguntó Clarissa desde su asiento.
–Bueno, un desliz superficial lo tiene cualquiera…–dijo poniendo ojitos y seguidamente salió de la clase con la revista.
–¡Ey mi revista! –se quejó el chico de la cresta.
–Otra vez…–protesta otro del grupo que estaban viendo la revista.

Ángel suspiró mientras jugaba con una bola de papel de aluminio que antes de devorar el bocadillo había servido para envolverlo.
–¿Qué debo hacer para que se fije en mí?
–¿Quién, Paula? –preguntó sorprendida Clarissa y él asintió con la cabeza afirmando la pregunta. –Pues lo veo negro… Para que se fijase en ti deberías de tener un buen par de peras, y no tener nada entre las piernas.
–Ya…–dijo suspirando. –Ojalá no solo le gustasen las mujeres…–volvió a suspirar.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Prólogo: ¿Me sigues?

Prólogo.




¿Me sigues?






Nueve de la noche, y una joven de cabello largo y castaño, camina a paso firme por una concurrida calle de Madrid. Lleva consigo una bolsa de “Shoups” una de las marcas de moda juvenil más conocidas. Sus pasos son firmes y acompasados por los tacones. La gente la observa y sonríe al verla pasar. Varios chicos miran embobados su esbelto pecho cubierto de una camiseta rosada y una chaqueta negra de cuero. Después bajan su mirada a las largas y finas piernas recubiertas por unas medias a juego con el color de su piel. Los shorts marrones que lleva marcan a cada paso una cintura estrecha que no dejan de contemplar. Las chicas que pasan señalan sus sandalias marrones de tacón, mientras murmuran que quieren unas igual.

La joven tuerce una calle para dirigirse a otra avenida. Es curioso que en apenas un par de minutos, se pueda pasar de una calle concurrida de gente, a otra con dos o tres personas. De pronto un chico se acerca. Se trata de un joven de su edad aproximadamente. Rebeca contempla su enorme figura, debe medir 1´9 metros aproximadamente, calcula, además observa que está bastante fornido y musculoso.

–¡Hola! –exclama el joven con una sonrisa de oreja a oreja.
– Hola… –saluda la joven con una sonrisa cortés. Observa sus cabellos negros de punta.
–¿Eres tú, verdad? –pregunta sin dejar de mantener su fiel sonrisa bobalicona. Lleva unos vaqueros azul marino con una camisa de cuadros rojos que le hace atractivo.
–Dependiendo de a quien te refieres, soy yo o no –sonríe dulcemente y se arremolina con un dedo un mechón de pelo.
–¡Eres Noelia! La protagonista de “Misión Escarlata”. ¡La mejor serie de España! –se le iluminan los ojos mientras habla, sin perder detalle de la cara de la joven.
–Bueno, digamos que Noelia es el personaje que interpreto, yo soy…-empieza a decir la chica, intentando mantener la sonrisa.
–Ya, ya se que Noelia es de quien haces en la serie. ¡Eres Rebeca Robles! Joder… Es increíble que seas tú –dice emocionado mientras la mira de arriba hacia abajo.
–Sí, eso parece, soy yo-dibuja en su cara media sonrisa.
–¿Y dónde vas por esta calle? ¿Vas a ver a tus amigos de la serie? –pregunta con curiosidad.
–Que va, me voy a mi casa. Es tarde ya…–suspira.
–¿Sabes que te sigo en twitter?
–Que bien, muchas gracias.
–Soy tu seguidor 573, ¿lo sabías? Te sigo desde hace tiempo ya… ¡¡¡Porque ya tienes casi 20.000 seguidores!!! Es increíble a ver sido uno de los primeros…
–Gracias… Bueno yo…
–Sí, ya no te interrumpo más, que te tendrás que ir. ¡Ha sido un placer hablar contigo! Sigo estando que no me lo creo. ¡Estoy hablando con Rebeca Robles! ¿No es alucinante?
–No, se, soy una chica normal y corriente, nada más…–dice algo abrumada.
–Sí, sí, pero es que estoy alucinando… Bueno, espero verte otro día, guapa.
–Vale…–mira su reloj.
–Oye, ¿me sigues?
–Vale, como tú quieras-sonríe Rebeca.
–¡Adiós guapa! –el joven empieza a caminar. Cuando lleva un rato se para en seco y mira hacia atrás, –¿tú también vives por aquí? –dice al ver a Rebeca detrás.
–No, es que me dijiste que te siguiera…-sonríe ella tímidamente.
–Me refería en twitter –dice mientras empieza a reír. –¡Joder, que bueno! Eres muy divertida, Rebeca –dice sin dejar de reír.
-Lo siento. No suelo seguir a gente que no conozco. No sigo a la gente por el hecho de que me sigan. Espero que lo entiendas –pone una sonrisa dulce.
–Pero yo a ti ya te conozco…
–De dos minutos…–murmuró ella.
–No, no. Te conozco mucho más, ¡por supuesto! Tu color favorito es el lila, te encanta la pizza. Odias las lentejas. Y podría seguir diciendo un montón de cosas más…–sonríe feliz.
–Ya… bueno… encantada de conocerte, ¿vale? ¡Nos vemos! –le dice y se marcha retrocediendo el camino que había hecho al seguirle.

El joven camina hablando solo mientras en sus ojos se refleja una luz de felicidad.
–¡¡¡Me ha dicho nos vemos!!! –grita emocionado, y una mujer que pasa por allí con un carrito de bebé, le mira con mala cara.

sábado, 19 de noviembre de 2011

¡Bienvenidos!

Bienvenidos a este blog llamado Yo soy Clarissa.
Una historia de ficción que no te dejará indiferente.
La lucha contra la sociedad, la superficidalidad, el racismo, homofobia, y muchos temas más, predominarán en esta historia, que sirve para que aprendamos unos de otros, y mediante la ficción intentemos ver un poco como es la realidad, e intentemos cambiarla.

Recuerda, que la realidad siempre supera a la ficción.

Pronto, habrá sinopsis, alguna descripción de personajes, y poco a poco empezarán los capítulos...

¡Que no te lo cuenten!